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Visita a la casa y la vida de Maria Augusta Urrutia en Quito

Visita a la casa y la vida de Maria Augusta Urrutia en Quito

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Cuando se visita una ciudad como Quito, uno queda tan marcado que es difícil a veces apreciar otros lugares. Eso fue lo que me pasó con Santander, que tuvo que venir el mar Cantábrico a cortejarme para hacerme abrir los ojos y disfrutar de lo que tenía delante como conté la semana pasada. Porque Quito es una ciudad muy completa además de muy bella sobre todo en su centro histórico con lugares como sus impresionantes iglesias barrocas que son muy conocidas. Pero hoy no vamos a hablar de iglesias o catedrales sino de un rincón el que también se respira fe, esperanza y caridad. Y fue sin duda el lugar que más me marcó de Quito, la casa de una de las ecuatorianas más destacadas del siglo XX.

Su casa, el palacete de una de las familias nobles de la ciudad que simplemente por motivos arquitectónicos ya vale la pena ser visitada porque se ha conservado tal como era y contiene elementos que no tienen otras casas de Quito como muebles y decoraciones modernistas. Afortunadamente esta abierta al público no solo para mostrar el edificio si no para dar a conocer la vida de la señora de la casa, una mujer muy inteligente que dedicó gran parte de su vida a ayudar a los más necesitados. Una señora llamada María Augusta Urrutia nacida con el comienzo del siglo XX en 1901 en esa misma casa en la que pasó la mayor parte de su vida en varios períodos. El primero desde su nacimiento hasta los diez años que falleció su padre. En ese momento ella y su madre abandonan Ecuador para viajar por Europa para recuperarse de la pérdida del ser querido. Un viaje que duraría 10 años y permitiría a María Agusta aprender varios idiomas y acumular conocimientos para aplicar en su propia casa y sus proyectos sociales. Además de conocer a su marido Alfredo Escudero con él que regresó a vivir a Quito a la casa donde había nacido. María Augusta parece que tenía una especie de maldición con el número 10 porque a los diez años de casada, fallece su esposo y se queda sola porque no tuvieron hijos. Pero esta vez de hacer un viaje a lugares lejanos lo hace a su propio interior. Encuentra refugio en la religión y puede dar un sentido a su vida gracias a los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. La visita a la casa que es guiada empieza con un documental sobre su vida y se explica todo esto.

Algo que tengo que decir que me dejó muy sorprendida, ¿el fundador de los jesuitas había inspirado a esa mujer a hacer comedores sociales, construir casas tipo viviendo de protección oficial y a dar becas entre otras cosas? Para mi tendría más sentido que alguien como san Francisco de Asís, ya que este tipo de cosas las hacen los franciscanos, a los jesuitas los asocio mas a la educación y a la élite más que a la pobreza. Así que me puse a investigar sobre el tema para entender como era posible. Pues bien los ejercicios espirituales son una serie de textos basados en la experiencia como ermitaño de San Ignacio para profundizar en la fe cristiana y descubrir cuál es la voluntad de Dios para cumplirla de forma eficaz, lo que dicho en palabras más profanas una toma de conciencia de uno mismo y decidir que quiere hacer uno con su vida basándose en la religión católica. Es un sistema pensado para estar unos 30 días meditando sobre los textos con ayuda de un director espiritual concentrado solamente en esto, tanto que si no esta comentando sobre los ejercicios se tiene que estar en silencio absoluto. Se utiliza en la formación de religiosos pero también hay versiones más reducidas de encuentros de menos días de duración para laicos. Y para que no digan que la Iglesia no se adapta a las nuevas tecnologías, existe una versión internauta para hacer en casa y seguir con tu rutina diaria. No sé lo efectiva que será en ese caso, debe ser más para dar a conocer el sistema y que la gente quiera hacer el retiro más completo presencial.

De esta experiencia María Augusta sacó en claro que el resto de su vida lo tenia que dedicar a ayudar a los desfavorecidos. Pero ella que era muy decidida y que había sido capaz de dirigir las obras de su propia casa, como en su propia habitación que mandó construir una claraboya para que entrara luz porque era muy oscura, no se iba a limitar sólo a dar limosna. Ella misma se encargaría de dirigir los diferentes proyectos para los que creó una organización llamada Mariana de Jesús, que todavía sigue en funcionamiento. El nombre de Mariana de Jesús no es casual, es el nombre de la primera santa de Ecuador, muy venerada y una referencia de identidad nacional en el país. Mariana de Jesús vivió en el siglo XVII llevando una vida muy devota de mucha oración y servicio a los pobres. Se la representa lógicamente vestida de monja con una azucena en las manos porque se le atribuye un hecho un poco sobrenatural, estando enferma le hicieron una sangría y la sangre que le salió fue a dar una maceta de la que después floreció una azucena. Esto le valió para que la hicieran santa, porque en la religión católica lo que tiene peso son los milagros más que las buenas acciones. Y también para ser referente en el recién nacido estado ecuatoriano en 1830 que necesitaba de personas históricas para crear su identidad nacional. En varios lugares de Quito había exposiciones sobre este tema, ALMA MÍA: SIMBOLISMO Y MODERNIDAD EN ECUADOR 1900 – 1930, el lugar principal era el Museo Ciudad que había visitado el primer día y otro lugar era la casa de María Augusta.

Coincide bastante con la época porque la fundación se puso en marcha en 1932. Uno de sus primeros proyectos fue un comedor para niños ubicado en la propia casa. Concretamente en la planta baja con una zona de comedor y una cocina propia adosada donde se preparaban los alimentos para los menudos. Estos lugares forman parte también de la visita así como una sala de fotos de familia que explica sus orígenes y muestra diferentes miembros de su familia, como su tía Carolina que da nombre a uno de los parques en su momento el más grande en extensión y de los más bonitos de Quito, aún hoy en día. Ella cedió los terrenos para hacer un gran parque que se abrió en 1972. Fuera del centro histórico, en la parte más moderna de la ciudad, es un lugar de visita obligada. A parte de dar terrenos para construir parques, una labor muy importante de la fundación era la construcción de viviendas al estilo protección oficial, a precios reducidos y a pagar a largo plazo. Son casas que todavía siguen pie y viviendo sus propietarios en un barrio al sur de Quito. A parte de esa funciona más social y directa, María Augusta también apoyó el arte y la cultura siendo mecenas de uno de los pintores más destacados de Ecuador, Víctor Mideros, un artista clásico en un época de modernidad de técnicas clásicas que mezcla la religión y el esoterismo. De ese mecenazgo quedan algunas obras en su casa y se pueden ver en la visita.

En 1987 fallece María Augusta y en 1998 se abrió al público como museo. Se encuentra en la calle García Moreno entre las calles Sucre y Bolívar, queda un poco escondida entre las otras casas. El edificio tiene una placa, a un lado un restaurante y al otro una tienda de abalorios. Para llegar desde fuera de centro histórico se puede hacer con el Trole parada Santo Domingo y subir por la calle Bolívar. La entrada que incluye la visita guiada cuesta sólo 2$ (aprox. 1,5€). Como podéis suponer no se permite hacer fotografias en el interior. Más información en la app de Quito Turismo.